DESDE EL

ESCRITORIO DE PASTOR

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V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Ciclo B

 

UNA ENFERMA EN CASA

Jesús se encuentra con frecuencia con personas que sufren, que están «limitadas» en su actividad y en su libertad. Resulta que también «en casa» (en la de Pedro) hay dolor. Da la impresión de que los discípulos, se hubieran «olvidado» de la suegra enferma... pero al llegar a casa se lo comunican a Jesús «inmediatamente».

 

Puede resultarnos curioso, que habiendo visto los discípulos algunas de las espectaculares curaciones del Maestro, no se les ocurriera mencionar a la suegra. 

 

Pero este "descuido" es más habitual de lo que parece: no nos damos cuenta o no prestamos atención al estado de las personas que tenemos más cerca: la fiebre, el dolor y la postración, el desánimo, el cansancio, tantos malestares... También es frecuente que, aun sabiéndolo, no lo tengamos muy en cuenta y demos por hecho que tienen que comportarse como si estuvieran estupendamente bien, que colaboren, que estén de buen humor, que no molesten más que lo justo... En vez de comprender y disculpar su malgenio, su poca disposición a colaborar, sus nervios, su empeño en que estemos continuamente pendientes de ellos... perdemos la paciencia, les decimos cuatro cosas y sin embargo tal vez andemos ocupados y pendientes en atender y hacer «fuera de casa» tantas obras buenas por otros que también lo pueden necesitar.

 

También lo que decimos respecto a la oración es aplicable al trato con los enfermos. A menudo nos llenamos de palabrería: «Verás cómo te curas enseguida». «Yo tengo un conocido que tuvo lo mismo que tú, y salió adelante». «Tienes que tener paciencia y hacer caso a los médicos» (como si el pobre enfermo no estuviera dispuesto a hacerles caso). «Si yo estuviera en tu lugar...» (cosa del todo imposible porque nadie puede estar en el lugar de otro). Incluso: «no te quejes tanto», «ten más paciencia», o «no es para tanto»…

 

     Es verdad que estas cosas se dicen con cariño, buena intención, y pretenden ayudar, pero... seguramente sería más adecuado el silencio. «Jesús se acercó y la cogió de la mano». Sencillamente. Es una buena enseñanza para cualquier cuidador o enfermero, o para los que sabemos de alguien que está «en cama». Acercarse. Físicamente, procurar ir, estar, acompañar al enfermo. Es un gesto de cariño que vale más que mil palabras. No es lo mismo que una llamadita, o que preguntar a quien sea cómo está. Acercarse. Y tomar de la mano. Es otro gesto importante. Cuando uno está pasándolo mal, cuánto ayuda que te den la mano, o un beso en la frente, o un abrazo en silencio. Las caricias, la ternura, las muestras de cariño nunca sobran. Especialmente (pero no únicamente) cuando se trata de personas mayores.

 

    Es verdad que ahora lo de dar la mano, tocar, dar un beso, una caricia... son «cosas prohibidas». Pero como alguien ha dicho por las redes: «Cuando no podemos abrazar a las personas que amamos, siempre podemos quererlas abrazándolas con una oración. Orar por los demás es una manera especial de amarlos y sentirnos unidos a ellos». 

 

Hacer que el otro se sienta bien cuando se acerca a nosotros, atenderle, aceptarle, acogerle... es una importante clave espiritual, evangélica y evangelizadora. La «acogida» debiera ser un aspecto muy cuidado en nuestras parroquias. Pero también el talante personal, las palabras y actitudes adecuadas...

 

Feliz Domingo para todos!

 

P. Yader F. Centeno

Fr. Yader Francisco Centeno Jerez
Pastor